El fútbol mexicano se revuelca en su propia contradicción: por un lado, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) rechazó la apelación que buscaba reactivar de inmediato el ascenso y descenso en la Liga MX; por el otro, los clubes de la Liga de Expansión celebran el anuncio oficial de que el sistema volverá en la temporada 2026-27. El doble discurso huele a peste administrativa: la justicia deportiva internacional dice “no es tiempo todavía”, mientras la Federación Mexicana presume un “ya merito” que se vende como triunfo.
El TAS fue claro: la apelación interpuesta contra la eliminación del ascenso y descenso carece de elementos para obligar a la Liga MX a reinstalar el sistema en automático. En otras palabras, las reglas impuestas en 2020 siguen siendo válidas y no hay tribunal extranjero que pueda tumbarlas a corto plazo. La noticia cayó como balde de agua fría para los aficionados que veían en el litigio una esperanza de que el fútbol mexicano dejara de ser una liga cerrada, sin castigos ni recompensas reales.
Pero mientras los abogados se atragantan con tecnicismos, la Federación y la propia Liga MX se adelantaron con un anuncio que busca tapar la herida: el regreso del ascenso y descenso ya tiene fecha pactada, la temporada 2026-27. Según sus voceros, se trata de una reestructuración necesaria para “fortalecer” las divisiones y permitir que los clubes de la Liga de Expansión compitan bajo estándares financieros y deportivos. El discurso fue recibido como victoria en los vestidores de la segunda categoría, donde varios equipos celebraron la posibilidad de volver a soñar con llegar al máximo circuito.
La paradoja es evidente: el TAS niega lo que la Liga promete. Jurídicamente, el sistema sigue cancelado; políticamente, la Federación vende la resurrección como si fuera inminente. En la cancha, los clubes de Expansión se embriagan de esperanza, mientras en los despachos la realidad es que falta un año y medio para que la promesa se cumpla… si es que se cumple.
El aficionado, que durante años ha soportado torneos sin drama de descenso y con una liga convertida en club privado, observa el espectáculo como un paciente cansado de promesas de curación. Hoy se le dice que la enfermedad terminará en 2026; el TAS, en cambio, recuerda que todavía no hay vacuna y que la peste sigue en control de los mismos de siempre.
El fútbol mexicano, fiel a su estilo, celebra y llora al mismo tiempo: un tribunal internacional lo condena al presente, mientras sus dirigentes lo venden como resurrección futura. Y entre la fiesta y la frustración, la pelota sigue rodando sin que nadie sepa si al final el regreso del ascenso y descenso será justicia deportiva o simple maquillaje de otro campeonato pestilente.
